Es Lunes. Un odioso y repulsivo Lunes de entre otros muchos. Me cuesta mantener los ojos abiertos, aunque, a decir verdad, eso me cuesta todos los días, no solo los Lunes. Casi llego tarde a la primera hora, eso también me pasa casi siempre. Claro que por suerte, he entrado a tiempo. Siempre que suerte signifique ''por desgracia'', claro.
La mañana es pesada, lenta. En el cambio de segunda a tercera hora sucede lo que sucende. Decido ir al baño. Sin embargo, Martha Colensberg y su amiga Olive están ahí, y mi presencia las hace mofarse de forma cruel.
Y ya está. He aguantado demasiado todos estos años.
-¿De qué vas, zorra? - suelto en tono borde.
-Eh, eh... No busques pelea... - sonríe burlona. Pone una voz de pito que sumada a su ego habitual, me ponen de los nervios. - Porque saldrás perdiendo.
Es una inmadura, no hay más.
-Solo quiero que me dejes en paz. Siempre pendiente de lo que hago o dejo de hacer, joder.
-Es que es muy entretenido, como tirarle cacahuetes a los animales del zoo.
Suspiro pesadamente. Me estoy cansando.
Y entonces, tal y como el viernes sucedió, todo se tiñe de rojo. Lo veo con claridad, pero de ese color escarlata intenso. No soy yo, algo se apodera de mi cuerpo y me hace contestar como lo hago. Ni siquiera sé lo que digo. Las palabras vuelan veloces por mis labios sin detenerme a pensarlas. Y cuando todo recupera su tono de color natural, Martha está llorando. LLorando de verdad, como nunca he visto llorar a nadie. Me suplica que pare.
El resto pasa rápido. Un simple parpadeo incluso. Un parpadeo que me lleva a la noche. A las nueve de la noche.
Estoy cenando. Mis hermanas pequeñas discuten. Su caso es algo curioso. Siempre dicen que las hermanas gemelas son las que mejor se llevan, las que comparten sus secretos, su círculo de amistades, hacen planes juntas. Ellas no son así. Mi padre las riñe y las detiene mientras pincha un poco de ensalada. La televisión está puesta, pero yo no la veo, pues no dejo de pensar en lo de esta mañana. En como he hecho llorar a esa zorra. Y me gusta, me invade una real satisfacción por dentro, y no dejo de sonreír.
-Oh, eso ha pasado por aquí. - comenta mi madre señalando una noticia en particular, entonces presto un poquito de atención a la pantalla. Solo un poquito.
La suficiente.
-Muere una joven en la zona de Prince Edward, Ontario. Al parecer fue un suicidio por consumo de sustancias químicas perjudiciales. La chica dejó una nota algo preocupante antes de abandonar la vida. - se mostró un trozo de papel pequeño. En mayúsculas, bien visibles, la nota decía: ''Puta pelirroja, ya tienes lo que querías.''
Me recorre un gran escalofrío. Pero lo peor no es eso. Lo peor es lo que viene después. Una foto de la víctima, sonriendo a la cámara, con el fondo de un parque detrás de ella. Su pelo rubio teñido brilla bajo los rayos del sol. Es Martha.
Se ha matado por mi culpa.
Por mi culpa.
Me levando de golpe y salgo de casa a la velocidad de un rayo. Echo a correr. Lejos.
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