Seguidores

lunes, 18 de febrero de 2013

Capítulo 0.

El día era nublado. Gris. Triste. Yo intentaba dormir sobre una superficie lisa y dura: mi pupitre. La voz hacía un grave e ingenioso eco que entraba por un oído y salía por el otro, pasando por mi cerebro, pero sin detenerse a razonar. Tenía tanto, pero tanto sueño...

Una carcajada me desveló, miré hacia atrás, la cabeza rubia de Martha Colensberg se sacudía en una gran carcajada y su amiga, Olive, cuyo apellido desconocía, la acompañaba. Por la dirección de sus miradas, estaba claro que me estaban criticando. Suspiré y miré hacia delante, como hacía cada vez que eso ocurría, que no eran pocas veces, la verdad.

La charla sobre la violencia que había concertado para esta hora avanzaba lenta y de forma entretenida para algunos, pero para otros, como yo, era algo que no tenía ninguna gracia. El ingenio de la monitora era admirable, pero para nada gracioso. Una vez hubo sonado el timbre, la gente salió disparada en todas direcciones, cogían sus cosas rapidamente y se iban deprisa a sus siguientes clases. Por alguna razón, mis pies me impulsaron a salir tras él.

Diego Lakind.

El chico del pelo raro, el que una vez fue mi mejor amigo. Ya hace mucho que perdí la cuenta de los años que llevaba coladita por él. Y él siempre hacía lo mismo. Me dedicaba una sombría mirada y se iba. Tan contento. Le odiaba por ello, por fingir que nunca habíamos hablado, que nunca nos habíamos conocido. Le odiaba. Pero también le amaba. Y le seguía.

Nuestras clases estaban justo al lado. Pues eran las clases de los tontos, él en una, yo en otra. Grupos de apoyo escolar. Para graduarnos con facilidad. Ja, esa es otra. Soy demasiado estúpida para ir a una clase normal, pero demasiado lista para esta. Y es que, cada vez que preguntan algo, la gente de aquí parece idiota, cuando la respuesta es fácil y sin complicaciones.

Diego subía las escaleras, yo iba tras él. Su pelo castaño era lo que ya estaba acostumbrada a ver. Estabamos a punto de llegar a la segunda planta, ya casi estabamos.

Entonces todo se volvió rojo.

Y sonreí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario