Mi cama me refugia cómoda y plácidamente, jamás he estado tan cansada. Sin embargo, no puedo dormir.
''-¿Asesinatos? - había preguntado yo, totalmente sorprendida.
-Asesinatos, Zoe. - respodió Matthew con una amplia sonrisa. ''
No podía hacerlo.
Al regresar a casa papá me cruzó la cara. Sólo lo ha hecho dos veces, y no de forma dura y cruel, sino para regañarme, luego me abrazó fuerte. Mamá lloraba. Estaban realmente preocupados. Las gemelas también se aliviaron por mi llegada. Y estoy castigada, dos meses sin salir. Aunque realmente nunca salgo, no tengo con quién hacerlo.
Me rindo en mi intento de cerrar los párpados, pesados como juicios, y cojo los cascos. Green Day. Volumen máximo. Suspiro y me arropo hasta el cuello. Creo que me he resfriado. La voz del hombre hace un eco en mi mente.
''-Verás, pelirroja, el mundo está lleno de gente injusta y que necesita un psiquiatra para tratar los pensamientos e ideas que tienen, que no son normales. Sabes eso, ¿no? - asentí, aunque realmente no entendía lo que quería decirme con eso. - Violadores. Atracadores. Asesinos. Esa es la gente que cargan las listas de Alex, J y Sherezade. Bueno, próximamente de Violet. - no sabía quién era Violet, pero Matthew sonreía, sería otra más de este extraño grupo. Él debió notar mi inquietud, porque se detuvo. - ¿Tienes miedo?
Sacudí la cabeza. Él volvió a sonreír y posó un cuchillo de sierra, afilado y enorme, sobre la mesa.
-¿Y ahora? -volví a negarme, aunque de forma insegura. - Cóge el cuchillo. Y ven.
El grupito rarito de la sangre. Así los había apodado. Cuando salí al gimnasio ellos estaban allí, mirandome como mira un niño a un juguete nuevo. Al menos eso hacían J y Alexander, pues Sherezade se limitó a darme la espalda y a seguir con lo que estaba haciendo: arrancar cabezas a maniquíes. Me sorprendí ante tal destreza y sangre fría, pero, por supuesto no dije nada.''
Me escuece la mano, ha sido un buen tajo el que me he llevado, es como si estuviera sangrando de nuevo, pero cuando rozo el corte, sigue impoluto y liso, siendo solo un pequeño relieve formado por una costra. Es algo increíble que, con una simple pomada, la herida haya cicatrizado de esa manera.
''Cuando Matthew me dijo lo que debía hacer, mi cara no podía tener precio, o eso creía. Pero él parecía decirlo en serio. Pese a que sabía que provocaría las risas en los demás, intenté seguir sus instrucciones. El cuchillo era ligero y afilado, tenía un filo serrado y puntiagudo, lo cogí de esta última zona, pues así lo lanzaría lógicamente, y apunté hacia la diana rojiza que tenía a diez metros de mi posición.
No solo fallé, sino que el giro del cuchillo hizo que la palma de mi mano quedase decorada con una gran raja sangrante.''
<<¿Dónde estás Zoe?>> pienso para mis adentros, sin respuesta alguna. Ahora, una vez en mi cama, el resto parecía un sueño. Parecía un sueño que Martha Colensberg se hubiese suicidado, parecía un sueño que yo hubiese matado a un hombre que intentaba violarme. Parecía un sueño que hubiese conocido a un grupo de ''anti héroes'', pues no sabía como llamar a la gente que asesina a asesinos, y que fuese a formar parte de él. No había aceptado hacerlo. De echo, no había dicho nada en el resto de la noche, pero ellos tampoco lo habían hecho.
Pero claro, parece un sueño. Y los sueños, sueños son.
Olvidaré este asunto, lo dejaré pasar como hago con todo.
Pero no es un sueño, claro que no.
''Zoe Toddel, dos asesinatos''.
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